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Buenos Aires, Domingo 19 de Agosto de 2018 -  08:31 am 
CULTURA

13-06-2018

El humor, la vía para levantar de su caída al teatro


En tiempos de caída de público en los teatros comerciales (mayo registró 16.2% menos que igual mes del año pasado), y entrando en la "cuesta de junio", descripción con la que el gremio teatral identifica la curva descendente que se produce cada año con los primeros fríos, vale la pena hacer un recorrido por las obras comerciales. Conviven en cartelera dos destacadas, "Perfectos desconocidos", de Paolo Genovese, y "Sin filtro", de Florian Zeller, exponentes del boom de obras de autoría extranjera y puesta local, en el caso de la primera dirigida por Guillermo Francella, y la segunda con dirección de Marcos Carnevale.

Ambas coinciden en varios rasgos, por empezar, la temática: plantean conflictos a partir de la incomunicación, o mejor, el ruido en la comunicación, que pone de manifiesto miserias, ideas, o secretos que esconden a amigos y parejas. En segundo término, como el grueso de las obras comerciales, lo hace desde el humor y en ambos casos hay lugar para el gag físico. Tercero, la escenografía está concebida a imagen y semejanza de las producciones de revistas de decoración, con amplios livings con cocina integrada, sillones y ambientación cool, que sólo podría encontrarse en casas de clase media para arriba, similar también a lo visto en "Toc Toc", "Lluvia de plata", "El test" o "Nuestras mujeres", entre otras.

En "Perfectos desconocidos", que se presenta en el Metropolitan, un grupo de parejas de amigos se reúne a cenar y expone un amplio espectro de estereotipos: los recién casados (Agustina Cherri y Gonzalo Heredia), los que están en plena crianza (Peto Menahem y Magela Zanotta), aquellos con hijos grandes y que dudan si volverán a reencontrarse (Alejandro Awada y Mercedes Funes), y uno que llega solo (Carlos Portaluppi). La ocurrencia de permitirse compartir con el resto cualquier llamado o mensaje que llegue a los celulares dará pie a un huracán de discusiones entre amigos de toda la vida que, sólo en apariencia, se conocen. Más allá de las revelaciones que despiertan carcajadas, la pieza aborda el tópico del exhibicionismo de las redes sociales o el WhatsApp en contraste con la esencia y lo real en cada ser humano. Y el modo en que aquello puede resultar determinante y hasta perjudicial en los vínculos más próximos.

En "Sin filtro", no es el ingrediente tecnológico lo que dispara el ruido en la comunicación sino la exposición de lo que se piensa y su relación inversamente proporcional a lo que se dice y se hace. Es una suerte de invitación a sumergirse, sin la represión de lo moral, en todo aquello que pasa por las mentes de los protagonistas, y que casi siempre difiere de lo que se exterioriza. Aquí también hay un matrimonio ahogado en la rutina, interpretado por los comediantes de raza Carola Reyna y Puma Goity, quienes aceptan recibir a un amigo de toda la vida (Carlos Santamaría), que se separó de su mujer (también amiga de ellos). Y llega con su nueva, joven y hermosa novia (Muni Seligmann). Reyna y Goity se afirman como un dúo actoral con sobrado entendimiento sobre el escenario y llevan al espectador a un vertiginoso viaje por los subconcientes de sus criaturas.

El público capta perfectamente cuándo es que piensan y cuándo es que dicen, gracias a tonos, inflexiones de voz y hasta recursos corporales que no resultarían tan efectivos si no fuera por la habilidad y gracia de Reyna y Goity. La frase en la que a Goity se le escapa lo que piensa y genera el máximo exabrupto es de lo más hilariante de la obra, que pivotea sobre el juego "digo lo que debo, pienso lo que quiero".

La trama avanza sobre un incesante juego de espejos: ante la aparente felicidad y goce de los novios, los otros llegan a replantearse su entera existencia. Parecen tener que autoconvencerse de que disfrutan sus actividades compartidas, por caso, el paseo por el supermercado comparando ofertas. Y no se trata de personajes chatos, él trabaja como editor y ella es profesora, pero cuando los años les caen encima con aplomo, la pérdida de juventud parece convertirse en el que cristal con el que todo se mira. La obra es muy ingeniosa en el gradual despliegue de conflictos y balance entre risa y reflexión. De lo mejor de la cartelera.

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