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Buenos Aires, Sábado 20 de Octubre de 2018 -  03:08 am 
INTERNACIONALES

23-05-2018

El ex alumno del colegio San Luis que entró a los tiros en un complejo de Trump


Los quince minutos de fama global a los que alude la célebre frase acuñada por Andy Warhol le llegaron a Jonathan Oddi de la manera menos esperada. Al menos, eso piensan quienes compartieron parte de la adolescencia, en el colegio platense San Luis, con el buscavidas y stripper de origen sudafricano que días atrás entró a los tiros, envuelto en una bandera y rompiendo todo, a un complejo de lujo propiedad del mismísimo Donald Trump en el estado norteamericano de Florida.

Durante la jornada de ayer, en los grupos de mensajería instantánea de los ex estudiantes maristas que cursaron el secundario entre 1989 y 1993, y sus allegados, no se despejaba el estupor: los “¿te acordás de...?” y los “¿viste quién...?” estuvieron a la orden del día. Oddi, de origen sudafricano y ascendencia italiana, 42 años y con hermanos aún radicados en nuestro país, pasó en ese lapso por la sede educativa de avenida 44 entre 9 y 10, antes de continuar con sus estudios en la Universidad del Salvador porteña.

Sumamente activo en las redes sociales, en las que venía publicando periódicamente sus impresiones acerca de la política doméstica estadounidense, Oddi vive en el hemisferio norte desde hace más de quince años. El viernes pasado, a la una de la madrugada, irrumpió armado con una pistola en el recibidor del Trump National Doral Golf Club & Resort, en Doral, Florida; arrojó una bandera de USA sobre el mostrador, y activó la alarma de incendios mientras aullaba consignas contra el presidente de los Estados Unidos -trascendió que también contra Barack Obama y la estrella pop Puff Daddy-; disparó hacia las lámparas que colgaban del techo, destrozó todo el mobiliario que encontró a su paso y trató de emboscar a los cinco agentes que llegaron para aprehenderlo, cosa que hicieron tras balearlo en las piernas.

UN VERDADERO “TODOTERRENO”

Los primeros informes policiales y judiciales caracterizan a Oddi, quien al parecer no tenía antecedentes criminales en EE UU y se había naturalizado allí en 2017, como un adicto al gimnasio e instructor de fitness, dedicado ocasionalmente a los negocios inmobiliarios y de venta de piedras preciosas, con pasado reciente como bailarín y stripper: participó en producciones fílmicas de “Dancing Bear”, sitio especializado en poner en escena fiestas masivas del tipo “despedida de solteras” en las que las asistentes terminan teniendo sexo en público con los protagonistas.



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Actualmente vive en un departamento de lujo, en un condominio de la localidad de Doral, a menos de quince cuadras de donde perpetró el ataque, junto a su perro Popo; separado en 2014 y nuevamente en pareja, asiste todos los días de la semana al gimnasio. Sus allegados lo conocen como ”un tipo tranquilo” y aseguran que nunca detectaron señales de que estuviera al borde de un estallido.

De acuerdo con los perfiles que Oddi creó en sitios de vinculación profesional -donde despliega una exuberante información-, es poseedor de una empresa llamada Pegasus Minerals and Gemstones, con oficinas en Miami, Fort Lauderdale y Tucson. Su currículum incluye el cargo de CEO de Oddi Investments; una experiencia como vendedor de LG Electronics para el Caribe y América Central, y otra como actor publicitario.

Además, destaca su condición políglota -en inglés, español, portugués, italiano y afrikaans- y solidaria -apareció como Santa Claus en el Miami Children’s Hospital-. Y hace gala de su presunta “expertise” en muchos otros rubros.

En la sección educativa, consigna que se graduó como administrador de empresas con especialización en Turismo en la Universidad del Salvador, y que obtuvo su diploma secundario en el Colegio San Luis.

POCO EFUSIVO

“Llegó en primer año, y estuvo dos o tres temporadas”, recordó ayer uno de sus antiguos compañeros de curso: “Era tranquilo, y no se destacaba particularmente por su sociabilidad, pero todo dentro de lo normal; hablaba castellano fluido, con un acento que nos parecía algo exótico. No se vinculó con el rugby, como sí lo hizo su hermano menor que fue compañero de algunos jugadores aún en actividad”.

“Hace muchos años, cuando aún estaba en contacto con alguno, tiró ‘vengan para Miami’ pero los que anduvieron por allá no lograron que los atendiera o no pudieron ubicarlo”, concluyó su ex condiscípulo.

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