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Buenos Aires, Martes 25 de Septiembre de 2018 -  08:41 pm 
CULTURA

09-05-2018

Teatro: Continúa el éxito de "El amor es un bien"


Por Juan Cruz Bergondi

Lo lindo del teatro es que a veces, con suerte, uno encuentra. La antropóloga Michel Petit, en su “Elogio del encuentro”, al recoger lo más variados testimonios -desde una francesa hija de argelinos hasta un senegalés de los suburbios pasando por muchos otros- entrevió que en todos los casos, más allá de la necesidad de comunicación, uno lee “para habitar el mundo poéticamente y no estar únicamente adaptado a un universo productivista”. Quizás lo mismo pueda decirse del teatro: el espectador entra en la sala en busca de un desvío, de algo que le sacuda el polvo a las cosas de todos los días, que lo haga viajar. Y es sabido que un viaje es a la vez el encuentro de lo desconocido fuera pero también lo desconocido dentro de uno mismo. "El amor es un bien", la obra de Francisco Lumerman que actualmente está en cartel en el teatro El camarín de las musas, le regala al espectador una oportunidad así.

En Carmen de Patagones, Sonia y su tío Iván trabajan de sol a sol. Se encargan de administrar un hostel, la casa que la madre de Sonia, fallecida joven, le dejó como herencia. Si el negocio no va lo que se dice bien, tampoco la vida de ambos. Los dos están enamorados de la misma persona, un doctor idealista que a ninguno de ellos corresponde. En todo caso, al menos Sonia, de un tiempo a esta parte, halló en la música la posibilidad de otro mundo -menos triste, menos gris- y ante la visita de su padre, el verdadero dueño -al menos en los papeles- de la casa, y su joven mujer, las ganas de mostrar su arte encuentran espectador. Lástima que su padre no quiera más que volverse a Buenos Aires -no sin antes manifestar su deseo de poner en venta la propiedad, dejando e la calle a su cuñado-. La pieza de Lumerman, basada en Tío Vania, de Anton Chejov, parece una canción: las cosas son tan simples -y duelen- como el amor.

Se trata de la cuarta temporada a sala llena de una obra que nació en Moscú Teatro, el cual el director fundó junto a Lisandro Penelas, donde además la sensibilidad parece ser una constante -y si no vayan a ver "El amante de los caballos", unipersonal que todavía está en cartel allí-. El lugar de origen es más bien una marca de fábrica: el espacio -reducido- de aquel teatro determinó -de manera feliz- la puesta en escena. Basta con un banco donde sentarse, acostarse y bajo el cual esconderse, y unos bastidores que sugieren más de lo que enseñan. La sencillez es sinónimo de una profundidad apabullante y uno se pregunta cómo le insuflaron tanta vida al viejo dramaturgo ruso. O suele montarse aburrido o, para revivirlo, a veces se le agregan capas y capas de una modernidad rimbombante; pero en el caso de "El amor es un bien" sólo bastó con confiar en el cuerpo desojado de los actores y unas líneas concretas, por debajo de las cuales, por más que se disimule, corre un río de emoción.

Si bien no es tan fácil decir por qué, tras varias temporadas, el teatro -con más capacidad que de donde surgió- se llena función tras función, algunas intuiciones se pueden arrojar. Es, sin más, una historia que se cuenta muy bien, y el público, al parecer, agradece que al contarla lo miren a los ojos. El trabajo del elenco es conmovedor e ilumina el desierto patagónico que gracias a su proyección se puede palpar y sentir. Hay tiempo y dedicación detrás de cada detalle. Lo lindo del teatro es que no hace falta irse lejos para viajar: quién hubiese dicho que en Carmen de Patagones, donde además se accede tras una cortina en un teatro del Abasto, cada sábado espera una chance. Y quién que durante el viaje uno se iba a encontrar un espejo donde reflejarse. Nadie vuelve igual después de vivir de verdad el teatro.

La obra está dirigida por Fracisco Lumerman e interpretada por Manuela Amosa, José Escobar, Diego Faturos, Jorge Fernandez Román y Rosario Varela. Se puede ver en El Camarín de las Musas, ubicado en Mario Bravo 960. los sábados a las 22:30 y domingos a las 20.

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