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Buenos Aires, Lunes 22 de Octubre de 2018 -  02:53 am 
INTERNACIONALES

02-04-2018

"Dos candidatos a la caza del voto prestado: Segunda ronda en Costa Rica", por Alfredo Atanasof


Costa Rica, junto a Guatemala y El Salvador, son los países de Centroamérica con mayor experiencia en el uso del balotaje o 2° vuelta.

El balotaje en Costa Rica (similar a la tendencia que observamos en la región) se volvió mas frecuente en las últimas décadas; fenómeno que coincidió con el fin del bipartidismo y un aumento de la fragmentación política. En efecto, durante el largo período que va desde 1953 a 1998, el balotaje estuvo ausente. Irrumpió por primera vez en la elección de 2002 para definir la disputa entre el candidato del Partido Liberación Nacional (PLN), Rolando Araya y el del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), Abel Pacheco, habiendo triunfado este último.

La segunda vez tuvo lugar durante las elecciones de 2014, bajo la modalidad de un balotaje “inédito” (ya que el candidato oficialista renunció a hacer campaña durante la segunda ronda) que disputaron el candidato del PLN, Johnny Araya y el candidato opositor del Partido Acción Ciudadana (PAC), Luis Guillermo Solís, quien resultó vencedor. Por su parte, el tercer balotaje que tendrá lugar el próximo 1 de abril tiene la particularidad de que (por primera vez) ninguno de los dos candidatos (Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional y Carlos Alvarado del PAC) pertenece a los partidos tradicionales.

El balotaje es una institución del derecho constitucional francés, reglamentado por primera vez en 1852, y posteriormente recuperado por la Constitución de la V República. Una de sus particularidades es que, a diferencia del modelo francés, en nuestra región (salvo en Haití) se lo utiliza solo para la elección presidencial.

La segunda vuelta constituye una de las reformas más comunes adoptadas durante la Tercera Ola Democrática. En efecto, la tendencia regional predominante para la elección presidencial fue sustituir el sistema de mayoría relativa con el balotaje. Consecuencia de ello, actualmente 12 de los 18 países latinoamericanos regulan el balotaje bajo diversas modalidades. En 8 de ellos -Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, Perú, República Dominicana y Uruguay-, se exige 50% más uno de los votos. Ecuador y Bolivia: 50% más uno, o bien 40% con una diferencia de más de 10 puntos, y Argentina: 45%, o bien 40% con una diferencia de más de 10 puntos. Costa Rica, por su parte, no solo establece el porcentaje más bajo de toda la región (40%) sino también uno de los períodos más largos entre la 1° y la 2° vuelta. Los seis países latinoamericanos que no lo tienen regulado son: México, Honduras, Nicaragua, Panamá, Venezuela y Paraguay.

Sobre las virtudes y debilidades del balotaje existe un intenso debate. Para sus defensores el sistema tiene dos objetivos principales: 1) garantizar una alta legitimidad de origen al presidente electo, y 2) fortalecer la gobernabilidad democrática, al promover la formación de coaliciones electorales entre la primera y la segunda vuelta, las cuales podrían transformarse más adelante en coaliciones de gobierno.

Para sus detractores, en cambio, la segunda vuelta difícilmente cumple con estas supuestas virtudes. Señalan que la elevada legitimidad de origen del presidente puede ser artificial e inestable. Argumentan que genera menores incentivos para el voto estratégico en la primera vuelta, lo cual favorece el incremento del número de partidos. Advierten, asimismo, acerca de la posibilidad de que, indirectamente, provoque problemas de gobernabilidad en lugar de resolverlos, ya que, no obstante, las elecciones legislativas y presidenciales son técnicamente simultáneas; las primeras se definen en la primera ronda, lo cual genera el riesgo de que el presidente electo en la segunda vuelta carezca del respaldo legislativo mayoritario.??Un ejemplo de este último riesgo lo pudimos observar durante el actual gobierno de Costa Rica, el Presidente Solís, quien ha debido gobernar estando en minoría en la Asamblea. Y también continuará siéndolo los próximos cuatro años, ya que, independientemente de quien resulte electo en el balotaje, estará igualmente en clara minoría en la nueva Asamblea Legislativa.
El análisis comparado de las elecciones presidenciales latinoamericanas celebradas entre 1978 y 2017 demuestra que el balotaje no altera el resultado de la primera vuelta en aquellos casos en que el ganador de la primera ronda es considerado por la mayoría de los votantes de la segunda vuelta como "el mal menor", aunque no resulte el candidato favorito de todos.

Por el contrario, la reversión de resultado tiene lugar cuando una mayoría del electorado comparte un "consenso negativo" en contra del candidato ganador en la primera vuelta (a quien se lo percibe como el “mal mayor”) y por ello vota, en la segunda, a favor del candidato que, en la primera, obtuvo en segundo lugar.

En estos casos, el balotaje produce una nueva mayoría con el objetivo de impedir llegar a la presidencia a un candidato no deseado que resultó triunfador en la primera vuelta.

De las más de 150 elecciones presidenciales que tuvieron lugar en nuestra región entre 1978 y 2017, en un poco más de 80% de ellas estaba contemplada la segunda vuelta. En 47 de estas elecciones hubo necesidad de ir a un balotaje para elegir al presidente. Y en 35 de estas 47 triunfó en la segunda vuelta quien había ganado en la primera ronda. Únicamente en 12 ocasiones de estos 47 balotajes hubo una reversión de resultado. Para el caso costarricense, cabe señalar que la reversión no se produjo en ninguno de los dos balotajes.

La otra tendencia regional a tomar en cuenta es que la participación electoral tiende a disminuir durante la segunda vuelta, salvo en casos de balotajes muy reñidos. La participación ciudadana es un elemento clave ya que de las 12 reversiones electorales que mencionamos, en siete de ellas el número de ciudadanos que participó en el balotaje aumentó.

Resumiendo: el balotaje no es el segundo tiempo de un mismo partido; constituye una nueva elección. Mientras en la primera vuelta se vota con el corazón, en la segunda se vota con la razón, es decir es un voto más estratégico. Dicho de otro modo, mientras en la primera vuelta se vota a favor de un candidato, en la segunda se vota no solo a favor de un candidato sino también en contra de una opción. En efecto, muchos electores deciden “prestar” sus votos a un candidato que no es su favorito y por el cual no votaron en la primera vuelta, con el objetivo de evitar el triunfo del candidato que perciben como el “mal mayor”.

Restan pocos días para la segunda ronda electoral en Costa Rica. Carlos Alvarado del oficialista Partido Acción Ciudadana (PAC) y Fabricio Alvarado del conservador Partido pentecostal Restauración Nacional (PRN) enfrentarán dos visiones sobre los derechos humanos y la cultura el próximo primero de abril.

La 2° ronda electoral podría ubicar por primera vez a un predicador pentecostal en la presidencia.

La estrecha diferencia entre los candidatos que pasaron a segunda ronda, sumado al abstencionismo que alcanzó el 34 % dejan una elección abierta para esta segunda ronda.
Las campañas se han concentrado en giras a distintos sectores del país y en reuniones con personalidades políticas y sectores productivos.

El Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) ratificó a los 57 diputados electos para el próximo periodo legislativo, que estará compuesto principalmente por 17 diputados del Partido Liberación Nacional (PLN), 14 del PRN del candidato Fabricio Alvarado y 10 del partido oficialista PAC, sumado a 9 del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC).

En mi opinión, pero con o sin reversión de resultado, quien resulte electo presidente el próximo 1° de abril, tendrá que evitar caer en la trampa del “espejismo de legitimidad” que suelen generar los balotajes, siendo consciente que su triunfo se debió a un importante caudal de votos “prestados” y que, además, estará en minoría en la Asamblea, combinación de factores que le aconsejan ejercer el cargo con humildad y prudencia, junto a una actitud abierta al diálogo y a la búsqueda de acuerdos lo más inclusivos posibles para, de este modo, poder abordar de manera urgente y eficaz, los múltiples y complejos desafíos que enfrenta hoy Costa Rica.

Alfredo Atanasof ex Presidente de la Comision de Relaciones Exteriores de la Honorble Camara de Diputados de La Nacion

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