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Buenos Aires, Lunes 21 de Mayo de 2018 -  05:58 am 
INTERÉS

11-02-2018

Los residentes de los hospitales reclaman ser trabajadores de la salud


Mientras los ingresantes a la carrera de Medicina de la UNLP hacen colas durante horas para poder entrar al salón donde se dicta el curso de ingreso, sus compañeros que acaban de recibirse encuentran no menos dificultades para completar su formación profesional. Las residencias hospitalarias, el principal medio que tienen los trabajadores de la salud para acceder a una especialización, vienen cayendo desde hace años en una crisis cada vez más profunda por el desbalance entre su calidad formativa y la alta carga laboral poco reconocida que supone en la actualidad.

En medio de la falta de recursos que enfrenta el sistema público de salud, los médicos residentes han terminado convirtiéndose con los años en la mano de obra que sustenta el funcionamiento de gran cantidad de servicios y guardias hospitalarias. Es así que las residencias, un sistema pensado para ofrecerles formación profesional, constituyen hoy en muchos casos un medio de captación de recurso humano precarizado, coinciden en denunciar tanto los colegios profesionales como las organizaciones gremiales del sector.

Frente a esta realidad, cada vez son menos los egresados de Medicina que optan por formarse profesionalmente a través de residencias, lo que ha ido en detrimento de la calidad del sistema público de salud. La prueba más contundente de ello está en que mientras que hace unas pocas décadas los médicos recién recibidos competían para acceder a un cargo de residente que garantizara su formación, hoy muchos de esos puestos quedan vacantes por falta de interesados en ocuparlos, fenómeno que se evidencia con mayor crudeza en el caso de algunas especialidades críticas como la Medicina General, la Neonatología, la Obstetricia y los Cuidados Intensivos.

A poco de que se lance el concurso anual de residencias, la Comisión de Residentes de la Provincia se movilizó el miércoles pasado para exigir una rejeraquización del sistema. Con una concentración en el centro de La Plata, decenas de médicos, psicólogos y trabajadores sociales que realizan residencias en hospitales de la Región salieron a reclamar una mejora de los espacios formativos, una disminución de la carga horaria y, fundamentalmente, que el Estado reconozca sus derechos laborales como trabajadores de la salud.

EN LA BALANZA

“Para un médico recién graduado, una residencia en el sistema público hoy es la opción económicamente menos rentable y que requiere mayor sacrificio personal a largo plazo. Esto ha llevado a que muchos pongan en la balanza en qué medida la formación profesional que ofrecen vale ese esfuerzo y otros directamente se den cuenta que no están en condiciones de elegirlas como opción”, explica Manuel Fonseca, residente de Medicina General en el Hospital Gutiérrez.

Ocurre que “un residente de primer año, que hoy gana 18 mil pesos, tiene una carga horaria de 9 horas por día, con una o dos guardias semanales de 24 horas, más los sábados de 8 a 12. Y la mayor parte de ese tiempo lo debe dedicar a tareas asistenciales, lo que no significa que no esté aprendiendo también, pero la realidad es que el espacio de formación en sí es cada vez menor”, asegura.

“Al constituir una opción mal remunerada y con un alto nivel de dedicación laboral a tan largo plazo, muchas personas están optando por hacer postgrados pagos o, si no pueden costearlos, ponerse directamente a trabajar con la formación básica de la facultad. Porque lo cierto es que si tenés hijos o tenés que bancar una familia, la residencia es una opción inviable para vos. Y a eso hay que sumarle el hecho de que trabajás cuatro años de tu vida como residente sin que te hayan aportado un peso para tu jubilación”, dice Fonseca.

Lo mismo señalan desde la Agremiación Médica Platense. “La realidad es que las guardias de muchos hospitales hoy se sostienen gracias al sistema de residencias. Porque a excepción del jefe y algún médico de planta, quienes sostienen su funcionamiento son los médicos residentes, que al principio se bancan cualquier cosa con tal de aprender. Y aprenden, pero a los golpes, a fuerza de prueba y error, y no como resultado de un sistema formal como debería ser”, dice Jorge Varallo, vicepresidente de la entidad.

Es así que “con el tiempo las residencias han pasado de ser un sistema formativo a ser un sistema de captación de recurso humano manejable. A esto se le agrega el hecho de que, como recurso humano, los residentes no tienen los derechos propios de un trabajador: no se les considera la antigüedad, no tienen aportes jubilatorios, ni reciben asignaciones familiares”, asegura Varallo.

Aunque reconocen que “lo que pasa con las residencias no escapa del deterioro en que viene cayendo desde hace años el sistema de salud, y por lo tanto requiere cambios de fondo”, tanto en la Agremiación como en el Colegio de Médicos del Distrito coinciden en que “por lo pronto es necesario reconocerle a los residentes sus derechos laborales. Porque lo cierto es que además de formarse, también trabajan, tienen obligaciones en cantidad de horas y están sujetos a una autoridad como cualquier trabajador”.

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