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Buenos Aires, Miércoles 22 de Noviembre de 2017 -  04:23 am 
INTERNACIONALES

31-10-2017

Nueve de cada diez asesinatos a periodistas siguen impunes


La ONU arrojó datos escalofriantes sobre crímenes a periodistas a nivel mundial. Según el organismo internacional, en la última década asesinaron a un periodista por semana.

Este 2 de noviembre se proclama el “Día internacional para poner fin a la impunidad de los crímenes contra periodistas”, establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2013. La entidad denuncia que “en la década pasada, más de 800 periodistas fueron asesinados por reportar noticias y llevar información a la opinión pública: un promedio de una muerte por semana”.

Asimismo, el organismo internacional busca hacer hincapié en el “fin de la impunidad”, y expone que “en nueve de cada diez casos, los asesinos permanecen impunes”.

En la Argentina, existen numerosos casos que demuestran la importancia de destacar este día. Uno de los casos más resonantes es del periodista José Luis Cabezas, que fue asesinado luego de tomarle una fotografía al mítico empresario de la década menemista, Alfredo Yabrán, en una playa en Pinamar. El retrato fue publicado por la revista Noticias en 1996 y, tras recibir amenazas durante todo un año, Cabezas fue encontrado dentro de un auto incendiado con dos tiros en la cabeza. El empresario y su entorno fueron los principales sospechados en la causa, que no logró avanzar cuando decidió quitarse la vida un año más tarde. Su crimen aún sigue impune.

En épocas de gobiernos de facto, los periodistas también sufrieron severos ataques contra su persona que quedaron impunes, muchos casos incluso que terminaron en desapariciones forzadas que aún en la actualidad no fueron resueltas. Resuena inevitablemente el caso del periodista Rodolfo Walsh, quien escribió en 1976, en plena dictadura militar, su famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Desde allí, desnudó con precisión el plan económico, terrorista y criminal de los militares encabezados por Jorge Rafael Videla. Un día después fue secuestrado por un grupo de Tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada.

Pero más allá de poner en riesgo su vida, los periodistas se ven afectados por numerosas problemáticas al momento de ejercer su trabajo. Quizás la principal causa que los afecta es la necesidad de capturar a la audiencia, que nació con la televisión, y que trae como consecuencia que la profesión deba adaptarse a un ritmo de ocio y entretenimiento, muchas veces lejos del tratamiento ideal que deberían tener ciertas noticias.

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La información se encarcela bajo las reglas del ocio que, a su vez, se encuentran presas de las reglas del mercado. Los medios de comunicación no viven de las noticias, sino de la publicidad, y esto sucede desde el origen de los tiempos. De esta manera, atraer al público para vender espacios o minutos publicitarios hace no solo a la banalización de los hechos, sino que también pone en jaque el principio fundamental de la profesión periodística: ser un servicio para la sociedad.

En este marco, se producen grandes falacias que dañan a la profesión periodística. Como expuso uno de los más destacados representantes de la sociología contemporánea, Pierre Bourdieu: “no hacen [los periodistas] más que proyectar sobre él sus propias inclinaciones, su propia visión; particularmente cuando el temor de aburrir les induce a otorgar prioridad al combate sobre el debate, a la polémica sobre la dialéctica, y a recurrir a cualquier medio para privilegiar el enfrentamiento entre las personas”.

El prejuicio social sobre el periodista, quizás por efecto de lo que señalaba Bourdieu, tampoco ayuda al desarrollo normal de la actividad periodística. La sociedad expresa continuamente su rechazo a que determinados medios cubran ciertas marchas incluso con agresiones (por ejemplo, en los ‘cacerolazos’ a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, donde los equipos de los programas oficialistas como 678 o Duro de Domar sufrieron ataques físicos).

Pero el rechazo al periodismo también se expresa en otros ámbitos, como el futbolístico. River Plate tiene una canción que recita: “millonario no me importa lo que diga, el periodismo, la policía, sos lo más grande de la Argentina”, comparando sin problema a la actividad periodística con la fuerza policial. Más reciente, fue el video viralizado del festejo de la Selección Argentina en el vestuario, luego de clasificar al mundial de Rusia 2018: “No importa lo que digan esos putos periodistas, la puta que lo parió, hay que alentar a la Selección”.

Como se observa, son varias las causas que hacen a la violencia en general contra los periodistas, que algunas terminan con su muerte, como reclama la ONU este 2 de noviembre.

A modo de auto homenaje a la profesión, el periodismo es una lucha en cualquier parte del mundo. En mayo de este año, The New York Times publicó un artículo llamado “la miseria del mejor oficio del mundo”, donde consignó al periodismo como uno de los trabajos peores pagos por el sistema capitalista. Así, su ejercicio se convierte en mera lucha, por desentrañar al poder de turno, por generar sentido crítico y por transmitir información útil que sirva para hacer de este un mundo mejor.

Periodista: Malena Montes
Fuente: Sección Ciudad

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