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Buenos Aires, Viernes 22 de Septiembre de 2017 -  07:00 am 
OPINIÓN

01-07-2017

"El primer grito de Independencia", por Emilio Raffo


Se discute en estos días acerca de la fecha de la declaración de nuestra independencia que, para la gran mayoría, fue el 9 de julio de 1816.

“La historia oficial”, la de Mitre, López, Urquiza, etcétera, nos ha indicado siempre que la fecha del 9 de julio es indiscutible, ocultando lo ocurrido antes y después de ese día. Como también nos ocultaran la gran y epopéyica gesta emancipadora de La Vuelta de Obligado. Habré de referirme, entonces, a la revisión intentada ahora, a la traición del pasado y del presente a ambas. Y, obviamente, al primer grito de nuestra Independencia.

Como la fecha oficial tiene una gran ventaja, no habré de explayarme sobre la misma celebrada en Tucumán bajo la presidencia de Narciso Laprida en la “Casita Histórica” de la capital de dicha provincia y la ausencia de muchos representantes.

Lo cierto es que, como ocurriera con La Vuelta de Obligado, se ha puesto a debate que la primera declaración independentista fue concretada el 29 de junio de 1815 en el denominado Congreso de los Pueblos Libres convocado por el prócer oriental don José Gervasio de Artigas en el año 1815 en Concepción del Uruguay, se dice en el paraje Arroyo de la China, concurriendo representantes de lo que hoy es Misiones, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y, por supuesto, la Banda Oriental.

No faltará quienes minimicen esta discusión, se dirá livianamente qué importancia tiene si la declaración fue el 29 de junio de 1815 o 9 nueve de julio de 1816. Lo mismo se ha dicho no hace poco, acerca del ascenso post mortem del coronel Dorrego, arteramente asesinado por las tropas de Escribano, en un hecho que -por no haber sido debidamente considerado- ha sido repetido en nuestra historia nacional (el asesinato del general Valle, y del Coronel Cogorno, y los miles de desaparecidos durante la resistencia y las dictaduras que debimos sufrir, por poner solo algunos ejemplos).

No quedan dudas de la activa participación de Artigas en los actos tendientes a logar la efectiva independencia, que motivará -entre otras hostilidades- en declararlo (ya antes de 1815) “traidor a la patria”, “bárbara y sediciosa” su conducta e “indulta y perdona” a quien lo elimine, según un bando de Sarratea del 2 de febrero de 1813.

La idea de la revolución nacionalista de 1810 ( del Plan de Operaciones de Mariano Moreno) había sido sustituida por un gobierno formado por la “clase decente” y la “gente principal” del puerto. Es decir, cambiar a los funcionarios españoles por los decentes porteño en desmedro (resulta obvio) de los bárbaros caudillos Artigas, Ramírez, etcétera.

En julio de 1816 ni la Banda Oriental ni las provincias ligadas al “protector de los pueblos libres” enviaron representantes a Tucumán, creo que persuadidos de la temible expedición que se estaba preparando en Cádiz, bajo las órdenes de Wiliam Beresdford (el mismo invasor de 1806), supervisada por Manuel J. García y bajo la complicidad de Buenos Aires con tal de sacarse de encima al caudillo oriental (hasta hoy execrable para muchos).

Dice el gobernador correntino Pedro Ferré (obviamente opacado por la historia oficial): “Si alguna vez se llegasen a publicar los documentos que aún están ocultos se verá que Artigas no hizo otra cosa que reclamar primeramente la independencia de su patria y después sostenerla con las armas, instando en proclamar el sistema de federación y entonces resulte Artigas el primer patriota argentino”. Algo así -se me ocurre- como ocurriera con la batalla de la Vuelta de Obligado, Lucio V. Mansilla y el maldito de la historia oficial, don Juan Manuel de Rosas.

Para ello, y a fuerza de ser objetivos, veamos qué dice Vicente Fidel López, en “su” historia de la República Argentina: “Artigas fue un malvado, un caudillo nómade y sanguinario, señor de la horca y cuchillo, de vidas y haciendas, aborrecido por los orientales que un día llegaron hasta resignarse con la denominación portuguesa antes de vivir bajo la ley del aduar de aquel bárbaro”.

PROCERES Y TRAIDORES. TRADICION INDEPENDENTISTA

Es lo cierto que “nuestros congresales de Tucumán” dos meses después de nuestra declaración de la independencia (más precisamente el 4 de setiembre) aprobaron cláusulas secretas tendientes a resguardar “su declaración de independencia” en desmedro de la que ya lo habían hecho el 29 de junio de 1815, auspiciando su invasión y persuadiendo al gabinete de Brasil que se declare protector de la libertad e independencia de esa provincias (ya independientes) restableciendo la casa de los Incas y enlazándola con la de Braganza.

Los portugueses terminan controlando Montevideo en un acto reivindicado por los porteños, que los recibieron con los brazos abiertos por el vecindario de honorable familia por salvarlos del salvaje Artigas (Vicente F. López dix it).

Hecha esta digresión, debe recodarse que el mismo Congreso que el 9 de julio de 1816 había declarado nuestra independencia en Tucumán, el 12 de noviembre de 1818 aprobaba secretamente en el puerto de Buenos Aires las cláusulas de un acuerdo con Francia por las cuales pasaríamos a depender del pequeño ducado de Parma. Dicen, entre otras muchas disposiciones: “Que la Francia se obligue a prestar al duque de Lucca una asistencia entera de cuanto necesite para afianzar la monarquía en estas provincias y hacerla respetable, debiendo comprender en ella cuando menos todo el territorio de la antigua demarcación del virreinato del Río de la Plata, y quedar por lo mismo dentro de Montevideo con toda la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes y Paraguay”.

La férrea oposición de los salvajes caudillos federales y la sabia decisión de San Martín de no combatirlos, impidió este escarnio y entrega.

Se ha sostenido que “los pueblos que no tienen memoria suelen repetir sus errores”. Recordando estos hechos que forman parte de nuestra historia, me permito asociarlo a los voceros que han auspiciado y concrtetado nuestra entrega mediante el pago incondicionado de aprovechadores usurarios y cumplimiento de inaceptables disposiciones jurisdiccionales extranjeras (léase fondos buitre, juez Griessa y su personeros locales, para algunos incautos), y en forma mas actual el endeudamiento de 100 años, en abierta contradicción con lo normado por el art. 75. Ap 4 de Nuestra Constituciuón Nacional)

En nuestro Congreso Nacional no ha prosperado un proyecto reivindicando el 29 de junio de 1815.

Como un acto de reparación histórica, colectiva, enarbolemos en nuestros balcones y donde sea nuestra Bandera Nacional, luzcamos orgullosos nuestra Escarapela, asumamos y tomemos conciencia de nuestra realidad histórica e institucional

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