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Buenos Aires, Sábado 23 de Septiembre de 2017 -  04:28 am 
OPINIÓN

02-06-2017

"Entre la estafa electoral y el determinismo mediático", por Abel Rausch


La influencia de los medios de comunicación se encuentra en debate permanente, si bien impactan en la conformación del sentido común no debemos caer en un determinismo mediático. Existen medios alternativos cada vez más influyentes.

Los medios tradicionales mantienen poder de fuego en la generación de agenda,
multiplicando la noticia en radios, diarios, televisión por cable y aire que generan una base de instalación posteriormente replicada las nuevas plataformas -redes, canales, portales web, etc.

Esta breve introducción intenta contextualizar la política cotidiana y las variables que condicionan y condicionaron los procesos electorales.

Hace pocos días la ex-presidenta Cristina Kirchner hizo referencia a la idea de “estafa electoral”, básicamente sostuvo que el electorado fue engañado, que votó a quien le prometió dejar de pagar impuestos sin perder los derechos que había obtenido.

El planteo zanjaría parcialmente la discusión sobre la vulnerabilidad ciudadana frente a la batería mediática, colocando la responsabilidad en las falsas promesas de Cambiemos y limitando el rol mediático a su función básica: plataformas para mediar y replicar el mensaje.

Es interesante colocar la responsabilidad en quienes mintieron y no en quienes creyeron,
con el fin de no fustigar y convocar a quienes votaron al macrismo y hoy se arrepienten.

Sin embargo, podríamos afirmar que un ciudadano promedio conocería que la historia política
y familiar de Macri hacían imposible algo distinto que un gobierno para ricos.

Ese suele ser nuestro problema, dar por entendido aspectos que al ciudadano promedio
no le generan significado o interés. Esto no quiere decir que estamos frente a analfabetos políticos porque todas las opiniones valen un voto. En ocasiones, la sintonía es diferente y ese registro que se nos escapa es aprovechado políticamente por los estudiosos de medios y redes.

Es un gran paso no poner la culpa en los engañados y lograr desentrañar las causas profundas
del engaño. Los medios son influyentes, tienen intereses, enmarcan la estructura de interpretación de sus audiencias y en ese marco operan sobre el sentido común que ya no es el más común de los sentidos, sino el botín mas preciado de la disputa democrática.

Afirmar lo anterior no implica una cuestión negativa, es una búsqueda que las fuerzas políticas
también realizan para encauzar una visión y sumar voluntades. La diferencia está en la técnica,
el tiempo de exposición y la potencia de los grupos mediáticos a la hora de generar sentido.

A pesar de los esfuerzos por auscultar a las audiencias; cuando la realidad es contundente no hay artilugio comunicacional que la disfrace. La realidad seguirá siendo la verdad más potente para definir el humor social, la suerte de los gobiernos y las fuerzas políticas.

*El autor es Presidente del PJ de Luján, provincia de Buenos Aires

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