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Buenos Aires, Jueves 23 de Noviembre de 2017 -  06:29 am 
OPINIÓN

01-05-2017

"1º de Mayo de 2017, ¿Cual es el futuro del Trabajo que queremos?", por Oscar Cuartango*


Estamos ante una nueva conmemoración del “Día Internacional del Trabajo”, fecha que retoma la gesta de los mártires de Chicago, sindicalistas anarquistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la consecución de la jornada laboral de ocho horas. Dicha gesta se había iniciado el 1º de mayo de 1886.

No hay que olvidar que las mujeres tampoco fueron ajenas a estas luchas y reivindicaciones, ya que el 8 de marzo fue consagrado como “Día Internacional de la Mujer” en homenaje a cientos de obreras textiles de Nueva York que en el año 1857 salieron a marchar en contra de los bajos salarios.

Sin menoscabo de honrar ambos hechos históricos, y teniendo presente que para el movimiento político al que pertenezco “Gobernar es dar Trabajo”, encuentro propicia la oportunidad para dejar de lado enfoques historicistas de la efemérides para proyectarnos hacia el futuro en procura de responder -o por lo menos comenzar a analizar- el interrogante: “ ¿Cuál es el futuro del Trabajo que queremos ?”. 1

Aclaro que dicho interrogante no proviene de mis alforjas -como diría “El gran Atahualpa”- sino que lo retomo de una iniciativa de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Bajo dicho interrogante, la OIT convocó a un diálogo global el 6 y 7 de abril pasado a sus estados miembros y a las representaciones de empleadores y trabajadores de los mismos.

La premisa -como lo destacó su Director General, el británico Guy Ryder- fue que los gobiernos y los actores sociales del mundo laboral pueden y deben actuar sobre el futuro del trabajo ante la tecnificación, la robotización y la informatización. En definitiva, ante la automatización de tareas que avanza a pasos agigantados, generando paulatina pero aceleradamente una pérdida creciente de puestos de trabajo (sin que ello implique repudio al avance tecnológico).

En respuesta al interrogante en cuestión, se han comenzado a esbozar ideas, tanto coyunturales como estructurales. Entre las primeras, se analiza gravar impositivamente la automatización para tornarla más onerosa y frenar o desacelerar la misma y reducir la jornada laboral. Entre las segundas, el pago de un ingreso universal básico.

Por encima de hipótesis y evaluaciones, es indiscutible que desde hace décadas se registra un incremento de la productividad y la OIT proyecta que el corriente año terminará con 201 millones de desocupados a nivel global, a los cuales estima que el año venidero se sumarán 2.7 millones más.

El futuro del trabajo también es tema central para las Naciones Unidas, ya que su máximo organismo del mundo en la materia lo incluyó en su agenda con miras a la celebración de su primer centenario en 2019. Esta es la única agencia de la disuelta Liga de las Naciones -la cual fue creada al finalizar la Primera Guerra mundial- que perduró hasta nuestros días.

En el escenario descrito, las políticas implementadas por el gobierno de nuestro país van en sentido contrario al enfoque de la OIT, toda vez que se liberan de aranceles las importaciones, se deja la suerte del empleo librada a los avatares del mercado, se implementa una política de ajuste siguiendo recetas ortodoxas que procuran vanamente controlar la inflación con altas tasas y se enfría la actividad económica. Todo esto nos introduce en un círculo vicioso de recesión, y ello genera indefectiblemente mayor desocupación e implica, por sobre todas las cosas, un marcado avance hacia la “desindustrialización”.

Lejos de preocuparse por el futuro del trabajo y de los trabajadores, el Gobierno Nacional toma al mismo como un costo, como una variable de ajuste económico, y centra su interés en la productividad, potenciando la concentración de riqueza en pocas manos. De continuar transitando este rumbo, el futuro del trabajo y de los trabajadores en nuestro país es sumamente pesimista.

En resumen, encuentro oportuna esta conmemoración del “Día Internacional del Trabajo” para instar a todas las fuerzas políticas -comenzando por las que integran la alianza gobernante- y a los actores sociales a involucrarse en el debate generado por la OIT y explorar cursos de acción que por lo menos morigeren los efectos de la automatización sobre el empleo, poniendo la política y la economía al servicio del hombre, tal como pregona el Papa Francisco.


*el autor es abogado laboralista y ex Ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires (2007-2015)

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