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Buenos Aires, Viernes 17 de Noviembre de 2017 -  11:53 pm 
ENTREVISTAS

13-02-2017

Shakespeare y Beckett en la cárcel, en Londres y Buenos Aires


El director argentino Sergio Amigo vivió 15 años en Londres, desde donde desarrolló una actividad teatral que lo llevó a lugares remotos, fundó una librería especializada y dictó clases de teatro en las cárceles, actividad que retomó en su regreso al país.

Acerca de su experiencia británica comentó en diálogo con Télam que a principios del milenio y a punto de cumplir 41 se sentía “poco serio profesionalmente al no ser capaz de leer, hablar y escribir en inglés, ya que me venía dedicando casi exclusivamente a Shakespeare y a Beckett. O sea que el motivo principal había sido ese: ser capaz, aunque sea, de leer al Bardo en su idioma original”.

Télam: -¿Cómo sobreviviste los primeros años en Londres?

Sergio Amigo: -Trabajé como vendedor en un negocio de comida orgánica, lo que me permitió practicar el idioma a diario, aunque constantemente extrañaba no hacer teatro. Así que me aprendí 50 sonetos en español, compré un viejo proyector de diapositivas para proyectar los textos en inglés, y por primera vez en mi vida subí solito mi alma a un escenario.
El espectáculo -“Los sonetos de William Shakespeare”, así, en español- lo terminé haciendo en todo el mundo. Comencé en Londres, luego Stratford-upon-Avon, Newcastle, Estambul, Cáceres en España, Sydney, Calcuta... Pasaron los años y con mi inglés bastante bien decidí presentar una solicitud de trabajo como profesor de teatro en el Morley College, un establecimiento emblemático fundado con el fin de proveer educación a la clase obrera en el siglo XIX.

T: -Fue un verdadero desafío.

SA: -Me dieron un curso, “Acting Shakespeare” y terminé trabajando allí por más de seis años. ¡A veces me detenía a pensar cuán bizarro era estar allí enseñando Shakespeare a los ingleses! Al mismo tiempo actuaba y dirigía para la compañía de John Calder dedicada a Samuel Beckett. Los cuarteles centrales de la compañía funcionaban en el sótano del Calder Bookshop, la librería de John, quien había sido el editor y uno de los mejores amigos de Beckett. Pasó el tiempo y John, debido a su edad, se retiró. El lugar iba a convertirse en local de una cadena de comidas rápidas.

T: -¿Fue el principio de la librería?

SA: -Entonces llamé a tres amigos, un argentino (Luis Gayol) y dos ingleses (Daniel Kelly y Mark Newman), todos vinculados al teatro, y aunando esfuerzos, pudimos rescatarlo y al nombre original, The Calder Bookshop, le agregamos “& Theatre”. Vendemos libros de teatro y política y al fondo, separándola de la librería por una cortina, construimos una pequeña sala de teatro. Además de poner en escena un promedio de cuatro o cinco obras por año, todas con fuerte contenido social, organizamos cursos de Teatro del Oprimido, ciclos de cine político, charlas y debates. Es en nuestro teatro donde cada año dedicamos un mes a Teatro x la Identidad en inglés.

T: -¿Cómo fue tu actividad teatral personal allí?

SA: -A esta altura dirigí más obras allí que aquí; al principio sólo Shakespeare y Beckett. Luego, en mi teatro, una serie de obras políticas, muchas de ellas que salen de gira. Hemos recorrido Irlanda, hemos trabajado en Manchester y en Liverpool y hasta trajimos una a Buenos Aires.

T: -Relatá tu experiencia en las cárceles inglesas y argentinas.

SA: -Mi interés de trabajar en cárceles surge durante mis tiempos beckettianos. Así que me acerqué, por medio de un docente conocido, a la cárcel de Wandsworth, un establecimiento victoriano construido de acuerdo al modelo de panóptico de Bentham en el que estuvo preso Oscar Wilde antes de ser transferido a Reading. Primero como voluntario, enseñando Shakespeare en la unidad de prisioneros vulnerables, hicimos una versión reducida de “Hamlet”.

Ahí comprobé la potencia del teatro en un contexto de encierro: cómo los nuevos actores se adueñaban orgullosamente de su propio trabajo, cómo interpelaban mediante sus personajes, a un público compuesto de otros prisioneros, familiares, trabajadores de la cárcel, autoridades, invitados especiales. Tuve cientos de alumnos; algunos de ellos trabajaron en mi teatro una vez libres, otros empezaron por pequeños papeles en el cine, otros se convirtieron en escritores. Al mismo tiempo fui delegado sindical de mi gremio docente.

T: -¿Eso te permitió repetir la experiencia aquí?

SA: -A mi regreso hace un año tuve la fortuna de ser convocado por Luis Sanjurjo, de la cooperativa En Los Bordes Andando, para sumarme e impartir talleres en el Penal de Marcos Paz para jóvenes adultos. Para mi sorpresa, ya que las noticias que me llegaban por parte de la prensa eran espantosas, muchos aspectos de la educación en cárceles funcionan infinitamente mejor aquí que allá. Por ejemplo, la obligatoriedad de la educación primaria y secundaria.
Entonces puedo ocuparme de mi tarea específica, mientras que en Londres muchas veces, tenía que dedicar parte de las clases a leer y a escribir, dado los porcentajes de analfabetismo de la población. Así y todo, en Londres sacamos el primer premio a nivel nacional en los Koestler Awards por una obra radial escrita por los alumnos sobre la vida de Nelson Mandela y su amor por Shakespeare, especialmente por “Julio César”.

T: -¿Cómo es tu vida en la Argentina?

SA: -Intensa. Además de mis talleres en Marcos Paz, hago un curso de Teatro del Oprimido para un grupo de mujeres inmigrantes y otro, “Descubriendo a Shakespeare”, para actores y estudiantes de teatro. Formo parte de un colectivo de artistas, MERDA (Movimiento Emergente de Reunión y Debate de Actores) en Acción, cuya razón de ser es la creación de piezas políticas. Y además en mayo, estreno “70 Días”, un unipersonal sobre la Guerra de Malvinas en el Centro Cultural de la Cooperación.

T: -¿Cómo ves el teatro argentino actual?

SA: -He visto cosas muy pero muy buenas el año anterior, pero mi opinión es que deben cambiar los modos de producción si queremos que nuestra actividad sea profesional y viable. Es muy doloroso hacer sólo una función semanal, los costos son altísimos y la mayor parte del presupuesto va a la promoción. Y, la verdad, para hacer un espectáculo que no se vea bien, al que le falten los elementos que, por ejemplo, escenógrafo y vestuarista diseñaron, mejor hago la obra por radio.

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